Protestas 2020: Lima inundada en gas lacrimógeno

Las protestas pacíficas fueron duramente reprimidas con ensañamiento por la policía, quienes no dudaron en lanzas centenares de bombas lacrimógenas, proyectiles, estruendos, y amenazas.

Contra el pronóstico de quienes pecamos ocasionalmente de ingenuos, la pacífica marcha de ayer 12 de noviembre contra el golpe de estado, y el gobierno de facto, fue duramente reprimida por efectivos de la Policía Nacional del Perú (PNP), quienes usaron todos los métodos a su alcance en su intento por aplacar una masiva manifestación ciudadana que incomoda al régimen.

La concentración iniciada oficialmente a las 5 de la tarde, pero que en la práctica había empezado mucho antes, reunió tantos manifestantes en la icónica Plaza San Martín de Lima que antes de las 7 pm los mismos manifestantes pedían de voz en voz que la gente dejara de acercarse a ella, y tomen en reemplazo las calles aledañas hasta Paseo Colón.

Entre las 5:30 y 6:30 pm diferentes usuarios de Movistar, Claro, y Entel sufieron fallas en los servicios de conexión. Se registraron no solo impedimentos para el acceso a internet, sino incluso para llamadas, llamadas de emergencia, y mensajes de texto; tanto en las zonas donde más manifestantes se concentraban, como en las periferias de la concentración.

Aproximadamente a las 6:30 pm diversos grupos de manifestantes comenzaron a marchar por avenida Abancay desde diversos puntos. Puesto que la policía había bloqueado los cruces a la altura de Nicolás de Piérola, buena parte de los ciudadanos decidieron retirarse a otros puntos con menor congestión como Paseo Colón. 

Es en este punto que, sin previo aviso, la PNP dio rienda suelta a una represión sin tregua ni razones: lo que empezó con una decena de bombas lacrimógenas contra los dos grupos de manifestantes, uno en Abancay y el otro en Piérola, derivó rápidamente en un bombardeo continuo y sin descanso a la casona de la Universidad Mayor de San Marcos, la Plaza Luis Alberto Sánchez, y los alrededores de la Corte Superior de Justicia de Lima.

Ante la brutal represión, un grupo de manifestantes inició la autodefensa devolviendo las bombas lacrimógenas, desactivándolas con baldes, y auxiliando a los heridos. La respuesta policial se mantuvo firme y aumentó la frecuencia de bombardeo, con la colaboración de dos trincheras policiales más, y la añadidura de disparos con perdigones y otros proyectiles. La respuesta absurdamente desbordada llegó al extremo de lanzar bombas lacrimógenas desde el helicóptero policial que patrullaba la zona.

Al acercarse las 9 de la noche, la mayoría de manifestantes se había replegado en el amplio parque de la avenida Paseo de la República, y en Paseo Colón, donde diversas brigadas de paramédicos atendían a los heridos y a todo manifestante que necesitara aliviar el ardor de los gases lacrimógenos. Otros grupos se mantenían en Plaza San Martín.

Cerca de las 9:30 pm llegaban los primeros reportes mediante whatsapp y otras redes sociales de que la represión, una vez terminada en Piérola y Abancay, continuó hacia Plaza San Martín. Minutos después los efectivos anti-manifestaciones empezaron a lanzar bombas sin previo aviso contra las brigadas de primeros auxilios del parque, y contra la población en general. En este punto, los objetivos de las lacrimógenas eran tanto los manifestantes como cualquier transeúnte o incluso los buses del Metropolitano que se movían cerca al lugar. La mayoría de ciudadanos optó por huir de la zona por Paseo Colón hacia la Avenida Wilson.

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